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miércoles, 6 de junio de 2018

Cómo crear un adulto violento

Por Darío E.

Si a uno le dijeran que lo que le sucede en la niñez lo puede volver un adulto violento, y hasta criminal, tal vez no se asombra demasiado. Es una verdad sabida. Pero si le cuentan que los genes cambian hasta llevar la marca de la agresividad en uno de sus segmentos, ¿qué pensarían nuestros lectores?

La pregunta de si son razones de crianza, historia de vida o los genes los que hacen a las personas violentas viene de siglos sin que podamos ponerle el punto final a una respuesta. Y los integrantes de un equipo de psicólogos españoles hace poco pudieron publicar algunas respuestas a este misterio en la revista Molecular Psychiatry.

Los resultados apuntan a varios factores de riesgo para el desarrollo de una conducta violenta: haber experimentado abuso sexual o físico, consumir bebidas alcohólicas durante la infancia o adolescencia, vivir en grandes urbes y hasta ser parte de una familia inmigrante. Pero no piense que esto es simplemente la suposición de los expertos. Los factores de riesgo surgieron de un interesante sondeo a más de dos mil personas cuya historia de vida fue revisada.

La investigación ha analizado datos de unas 1 500 personas con esquizofrenia de la Gottingen Research Association for Schizophrenia y los de una muestra de 550 personas españolas no diagnosticadas de ninguna enfermedad mental. Los expertos rastrearon la presencia de estos factores en la historia de vida de las personas participantes del estudio. En la muestra de personas con esquizofrenia, la presencia de violencia se detectó mediante registro de crímenes violentos como homicidio involuntario o asesinato, mientras en la población sin la enfermedad se detectó en rasgos de personalidad asociados a la hostilidad.

¿La respuesta ? Pues la probablidad de convertirse en una persona adulta agresiva aumentaba de modo muy relevante en los grupos que presentaban al menos uno de los factores de riesgo mencionados. Cuando los sujetos presentaban al menos tres de los factores de riesgo la probabilidad de ser violentos en la adultez estaba multiplicada hasta diez veces.

La conclusión dejaba claro un punto: la violencia en edad adulta está definitivamente ligada a la exposición a múltiples factores de riesgo desde la niñez y la adolescencia. Y esta probabilidad es independiente de la presencia de un trastorno mental previo.

Pero quizás la parte más asombrosa de los resultados sea la presencia de una marca muy distintiva en un subgrupo de 142 sujetos de los estudiados etiquetados como de alto riesgo ambiental. En estos individuos había quedado una presencia de niveles más elevados de ARNm de la histona deacetilasa 1, un mediador de procesos epigenéticos.

No se preocupe si no entendió, se lo traducimos enseguida. En estos sujetos, la violencia que habían vivido de niños había creado una marca en los propios genes. O sea, lo externo terminó por modificar la parte física.

Este hallazgo reaviva la cuestión de cuánta marca dejan en nuestros genes los factores ambientales. Y en qué medida los sucesos que nos ocurren son capaces de cambiar hasta nuestra propia genética. En este caso, cómo las experiencias de vida en la niñes pueden desarrollar perfiles violentos en la adultez.

Aunque como todo estudio serio no propone una última palabra en el tema, lo que sí deja claro esta investigación es la necesidad de más y mejores políticas preventivas que pueden ahorrarnos como sociedad la duplicación de comportamientos hostiles.